Con Pedram Shojai, el monje urbano

Es el fundador de Well.org, productor de las películas Vitality y Origins, y copresentador de los posdcasts The Health Bridge y The Urban Monk que le han convertido en un gurú del Wellness (bienestar) en los Estados Unidos. Es maestro de chi kung, doctor en medicina oriental y experto en plantas medicinales, dirige seminarios y retiros además de ser el fundador de la Taoist Path School of Alchemy y monje de la orden del Monasterio del Dragón Amarillo en China. Actualmente vive en Irvine (California), ha publicado en España El monje urbano, un libro que a través de casos reales (basados en su dilata experiencia con pacientes que se sentían agotados, culpables e inmersos en una existencia alienante) muestra técnicas para evitar el estrés, sacar tiempo para uno y para las cosas importantes de la vida (la familia, hacer ejercicio, meditar, disfrutar, conectar con la naturaleza, con nosotros, consumir conscientemente, etc.) y mantener una relación sana con el dinero, pues cree fervientemente que, en todo ello, reside el equilibrio, la felicidad y las claves para convertirse en un verdadero “monje urbano”, según él mismo dice: alguien que mantiene la serenidad en el frenético mundo moderno y que alimenta su vitalidad para llevar una existencia plena.

Un relato que salpica con anécdotas personales de su propia toma de conciencia, así como de multitud de consejos accesibles para el buen vivir. Pedram Shojai fluye en sus enseñanzas y es el “monje urbano” que predica. No soy demasiado entusiasta ni de la última moda healthy, ni de los gurús, ni mucho menos de los libros de autoayuda convencionales, pero su propuesta es muy cabal y puede resultar útil a muchas personas. Le entrevisté para un medio, al final no se publicó y… voilà.

–¿En su opinión la sociedad de consumo, los medios de comunicación y una economía basada en un falso crecimiento sin límite son los mayores obstáculos actuales para seguir las pautas saludables que recomienda?

–Sí, los medios de comunicación nos convierten en consumidores inconscientes. No estamos destinados a ser felices si no dejamos de comprar cosas para llenar el vacío que otros nos crean. La felicidad viene de dentro. Una vez se sabe, se puede ser un consumidor consciente sin sumarse al problema.

Mucha gente conoce y quiere seguir los consejos que describe para encontrar la armonía, la paz y la felicidad, pero les resulta muy difícil empezar a cambiar sus vidas y mantener esos cambios ¿Qué recomienda?

–Si quieres saber cómo serán los próximos diez años de tu vida, mira los diez últimos. Serán idénticos, sólo que con menos energía y más daño. Si deseas vivir algo diferente, ha llegado el momento de actuar y además, de hacerlo con más intensidad que hasta la fecha.

–¿Cree que está emergiendo una nueva economía y otra mentalidad que puede ayudar a mitigar el cambio climático, la brecha social y que persigue vivir con significado más allá de la obtención de dinero?

–El cambio está ocurriendo, la gente está despertando y toman mejores decisiones porque se da cuenta de la trayectoria suicida que supone seguir sólo el factor económico en los negocios y en la industria. Además, muchas personas reconocen cómo se sienten de miserables en sus trabajos. Se necesita una mejor manera de sobrevivir, muchos se están percatando de todo esto y por ello eligen hacer algo significativo.

Se suele pensar que la felicidad depende de las circunstancias externas en vez de percibir que reside en nosotros, como usted relata ¿Qué aconseja para darnos cuenta de que las respuestas están en nuestro interior?

–Fijarnos sólo en lo exterior es una absoluta locura. Recomiendo aprender a respirar a fondo, hasta el núcleo de nuestro ser. Allí se encuentra la verdadera vitalidad y la luz. Ese eres tu y esa es la fuente de todo.

¿Cuanto tiempo le llevó convertirse en un “monje urbano”?

–Fue una decisión a largo plazo. Si te comprometes a despertar tu ser, todas las decisiones en el transcurso del camino se convertirán en obvias.

Usted es un emprendedor de éxito ¿Cuáles han sido los pilares para alcanzar su estatus actual y qué le recomienda a los emprendedores que ven en usted un modelo a seguir?

–Las claves son decir la verdad con honestidad, hacer un buen trabajo, ser auténtico y dejar de temer al dinero, porque simplemente es energía. Lo necesitamos para transformar el planeta, para pagar a los empleados y crecer. Cuando me liberé de mis prejuicios respecto a él, aumentó mi capacidad para ayudar al mundo.

La economía dominante se basa en el beneficio, la fama y el consumismo ¿Qué valores le parecen importantes para construir otra diferente mientras cultivamos nuestro equilibrio individual?

–Mi definición de la prosperidad incluye a las personas, al planeta, al propósito y a los beneficios, también pasar tiempo con mi familia, hacer senderismo, estar al aire libre bajo el sol y echarme siestas. Cada uno de nosotros necesita una definición más humana para así emplear nuestros años de vida creciendo a todos los niveles.

¿Cree que las generaciones más jóvenes son más conscientes respeto a los consejos que da?

Si, pero sucede lentamente, están muy atrapados en sus móviles. Es cómo si no habitasen en sus cuerpos porque se distraen mucho y de forma muy abstracta.

-Usted motiva a vivir con verdadero propósito más allá de lo material y de las expectativas que nos crean la sociedad de consumo y los medios de comunicación ¿Qué se supone que debemos de sentir si estamos viviendo tal y como propone?

Sentiremos que fluimos fácilmente, sin esfuerzo, que no hay decisiones que se deban tomar porque el camino ante nosotros está desplegado y seguimos nuestra felicidad. Suena esotérico, pero ésto es exactamente lo que se siente cuando se ha aprovechado la propia luz interior y se está viviendo en armonía con ella.

¿Cuanto tiempo le llevó planear y escribir este libro?

–Fue muy rápido, he estado dando conferencias y trabajando con pacientes durante muchos años. Hice un esquema y luego dejé que la sabiduría fluyera a través de mí en un espacio meditativo. Las experiencias están ahí, y las palabras deben seguirlas. Luego lo escribí todo en tres meses.

 

 

 

Deja un comentario