Comparto una investigación que he realizado, durante más de ocho meses en 2025, gracias al apoyo de una beca de periodismo de investigación del Journalism Fund Europe, con un equipo transfronterizo en India, España y Marruecos.
Se publicó en Follow the Money (en holandés e inglés), en Público (en castellano), en The Quint (hindi) y en un episodio del podcast Consuma Crudeza. Los links están activos, así que clickando, se accede a las publicaciones.
Rastreamos tres proveedores indios que manufacturan componentes electrónicos que acaban formando parte de coches eléctricos europeos (también convencionales, e híbridos) que se fabrican en España y Marruecos, así como de algunas marcas norteamericanas. Todas muy famosas.
A través de bases de datos de exportación e importación, pruebas de laboratorio, trabajo de campo, entrevistas, scrapping y testimonios, documentamos la contaminación local, en una zona de India, Chakan, conocida como la Ciudad del Motor, el mayor centro de la industria automotriz y manufacturera del país, casi a los pies de los Ghats Occidentales, una cordillera declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y Área Crítica para la Biodiversidad Global. Alberga a unos 40.000 habitantes y más de 750 fábricas. Se encuentra en el estado de Maharashtra, a ciento cincuenta y seis kilómetros de Bombay, la capital financiera de la India.
Varios ríos (Indrayani, Bhima, Pavana, Ramnadi, Mula y Mutha) atraviesan la zona, irrigando millones de hectáreas de tierras de cultivo y suministrando agua potable a todo el distrito de Pune y las zonas circundantes, donde viven más de 10 millones de personas. Los niveles de contaminación por níquel y cadmio están muy por encima de lo legal, y los impactos sociales y ambientales son importantes, acabando con los medios de subsistencia de agricultores y comerciantes locales, de los que el equipo recogió testimonios, que podeis leer en los artículos publicados.
Esos componentes no sólo acaban en la industria automotriz europea, también en proveedores de la industria militar y empresas que se dedican al control fronterizo.
Los sistemas de debida diligencia de los países implicados y de las compañías están fallando, y las multas son menores que implementar sistemas de depuración eficientes. De esta forma, las aguas tóxicas de la fabricación de los componentes, se vierten en los ríos sin control.
Si no se realizan adecuadamente, las transiciones verdes europeas pueden contribuir a contaminar de nuevo el Sur Global en un colonialismo verde y digital, trasladando los coste ambientales y sociales de unos territorios a otros.
