Consumo de cosmética consciente, aprender a leer el INCI

Aunque no lo podamos creer, existen multitud de componentes potencialmente nocivos para la salud, humana y medioambiental, en nuestros queridos productos de belleza e higiene, esos que creemos (gracias a la publicidad) que nos hacen estar más atractivos y deseables. Lo más saludable es cribar para comprar aquellos que no los contengan. Aprender a leer el INCI (International Nomenclature Cosmetic Ingredient), la Nomenclatura Internacional de Ingredientes Cosméticos (listado obligatorio que los ordena de mayor a menor cantidad), es la forma más rigurosa y eficaz de elegirlos.

Ya sean productos convencionales,  o naturales y/o ecológicos (los más aconsejables desde un consumo responsable, consciente  y sostenible), lo más conveniente es escogerlos leyendo su INCI. Lo que no suele ser una tarea muy sencilla al principio. Esta labor de criba se facilita mucho con la App Ingred de descarga gratuita, que permite hacerle una foto y señala los problemáticos, así como con Guía de bolsillo de la Red Ecostética (cofinanciada por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medioambiente, la Fundación Biodiversidad, Emplea Verde, la UE y la Asociación Vida Sana) que se puede plegar, meter en el monedero y contrastarla con aquellos que se vayan a adquirir, o que tenemos en casa.

Aprender a eliminar la cosmética que contenga ese tipo de sustancias es el mejor primer paso para un consumo de cosmética consciente. El listado que se reproduce a continuación, consulta y compara diferentes bases de datos de ingredientes cosméticos y se ha sometido a la revisión de expertos de la Red Ecoestética. Se han incluido en él aquellos sobre los que existe mayor consenso profesional sobre su peligro potencial por la acumulación de estudios al respecto. También en Tu consumo puede cambiar el mundo los recojo, junto a sus potenciales efectos nocivos:

    Ftalatos: fijadores de la fragancia, plastificadores, disolventes que dan persistencia al olor del cosmético, ayuda a que la laca de uñas pase de líquido a esmalte y desnaturaliza el alcohol. En el INCI figuran como Diethyl Phthalate, Dimethyl Phthalate. El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades y la Escuela de Salud Pública de Harvard los vincula a daños reproductores, neurológicos, cáncer y son disruptores hormonales prohibidos en muchos usos. A veces se incluyen en los términos fragancia, perfume o parfum, que pueden referirse a 3.000 ingredientes desde aceites esenciales, propios de cosmética natural, y también otros sospechosos. Un cajón desastre donde cabe cualquier sustancia añadida aromática sin identificar puesto que es “secreto profesional”. El Musk Ketone, de algunas, es una fragancia potencialmente peligrosa.

    Parabenes (en el INCI aparecen como Methylparaben, Ethylparaben, Butylparaben, Propylparaben), son conservantes derivados del petróleo, bactericidas y disruptores hormonales acumulables en el tejido adiposo, en la placenta, son sospechosos de ser estrogénicos en el cuerpo y relacionados con cáncer de mama. El Phenoxyethanol, éter del glicol, conservante y bactericida que los sustituye, es igualmente tóxico para el sistema inmunitario y puede provocar irritaciones o alergias.

    Ammonium Lauryl Sulfate, Disodium Laureth Sulfosuccinate, Sodium Laureth Sulfate, Sodium Lauryl Sulfate, Sodium Lauryl Sulfoacetate, Sodium Myreth Sulfate: son bases detergentes presentes en geles, champús, jabón líquido, dentífricos, etc., que pueden causar daños inmunológicos, neurotóxicos y ser disruptores hormonales. El sodium lauryl sulfate hace la espuma pero es abrasivo, limpia decapando la piel, quita capas de células, al final las hace más sensibles y acaban con dermatitis, caspa, eczemas en el cuero cabelludo y dañan el pelo. 98% de cosméticos lo tienen y casi el 100% de los del supermercado. Se ha ido sustituyendo en gran parte por sodium laureth sulfate, pero en el proceso químico de etoxilación de éste, se produce como contaminante secundario 1,4-dioxano, posible cancerígeno, muy peligroso en niños y contaminante que se da en las etoxilaciones de muchos ingredientes cosméticos.

Los colorantes, se identifican con C.I seguido de un número: los naturales se inician por 408 o 75, y los minerales con 77. El resto son colorantes sintéticos, los más problemáticos son CI: 10006, 10316, 11680,11725, 11920, 12085, 12150, 12370, 12700, 15800, 158850, 15985, 16035, 16230, 16255, 17200, 18050, 18690, 18820, 19140, 20040, 20470, 26100, 27290, 40215, 45220, 50325, 60724, 61565, 61570, 61585, 74260, 77163, 77285, 77288 pues pueden crear alergias, dermatitis, algunos derivan de la hulla (su uso directo está prohibido) o del petróleo, y muchos científicos los relacionan con cáncer. Algunos son nocivos al usar metales pesados (cromo y otros). Y, además, los colorantes azoicos son peligrosos al asociarse en anilinas, potencialmente cancerígenas.

    Paraffinum Liquidum, Cyclopentasiloxane, Cyclohexasiloxane, Cyclomethicone, Dimethicone, Dimethiconol, Carbomer, Petrolatum, Cera Microcristallina, Ozokerite, Ceresin, Paraffin, Acrylates, Acrylamides: son aceites grasos derivados del petróleo, vaselinas, parafinas y bases de muchos cosméticos como cremas hidratantes, mascarillas, pintalabios y aquellos de consistencia grasa. Se emplean en vez de aceites vegetales porque son más baratos y la piel los absorbe más rápido. Los acrilatos y las acrilamidas forman una película sobre la piel y el cabello que da aspecto hidratado pero son poco recomendables: taponan los poros y son contaminantes ambientales difíciles de degradar y depurar. El Cyclomethicone es una silicona muy popular y un posible disruptor hormonal que puede provocar daños inmunológicos o tumores. Y el Dimethicone, usado mucho en anti-piojos y otros productos, bloquea el funcionamiento de la piel, repele el agua, puede crear alergias, es poco biodegradable y bioacumulable, de posibles efectos nocivos, e incluso cancerígenos.

   Aluminium Chloride, Aluminium Chlorhydrate, Aluminum Chlorohydrex, Aluminum Chlorohydrex PG, Aluminum Fluoride, Aluminum Sesquichlorohydrate, Aluminum Zirconium Trichlorohydrex GLY, proceden del aluminio y sus derivados, son bases e ingredientes activos de desodorantes y antitranspirantes y disruptores endocrinos. Las sales sintéticas del aluminio (al contrario que las naturales) posen más capacidad de taponar las glándulas sudoríparas, provocar su inflamación y acumulación de desechos. Su toxicidad depende de la capacidad de penetrar en el organismo y varia en función de la molécula. Son de uso restringido por el EWG (www.ewg.org), y hay ya evidencias de que pueden relacionarse con el cáncer de mama[1].

    Bronopol (en el INCI figuran como 2-Bromo-2-Nitropropane-2,3-Diol), es un conservante tóxico para el sistema inmunológico que actúa como disruptor endocrino, está presente en las toallitas para bebés, acondicionadores o geles. Se degrada formando formaldehido y nitrosaminas, ambos cancerígenos.

Los ingredientes que tengan las palabras PEG, PPG, Polyehtylene, Ceteareth, Ceteth, Hydroxypropyl o terminación “eth” identifican a los emulsionantes derivados del petróleo, en geles de baño, jabones líquidos, champús, protectores solares y toallitas para bebés. Mejoran la viscosidad, su penetración y suelen llevar asociados dioxinas, contaminantes reconocidos como carcinógenos, no es posible distinguir en qué productos están y en cuales no.

   Diethanolamine (DEA), monoethanolamine (MEA) y Triethanolamine (TEA), son aditivitos y conservantes que pueden provocar disfunción hormonal, el Programa de Toxicología de EE.UU lo advierte desde 1998. Pueden reaccionar con nitritos del cosmético y dar lugar a nitrosaminas, posibles cancerígenos.

   El EDTA (y todos los ingredientes que lo contengan), identifica a un aditivo anticoagulante quelante que aumenta el poder de limpieza y suaviza el agua, pero difícil de eliminar de ella y fomenta el desarrollo de algas acuáticas en ríos que pueden destruir poblaciones de peces. Puede afectar al riñón, es bioacumulativo, se une a metales pesados y compuestos difíciles de degradar.

   Methyl Gluceth, emulgente humectante de las espumas de afeitar y puede provocar cáncer.

   Oleth, emulgente, limpiador y solubilizador vinculado a lesiones hepáticas, reproductoras, alergias y cáncer.

    Benzalkonium, Cetrimonium, Quaternium, Polyquaternium, derivados cuaternizados de la Etilendiamina o de la Polietilenimina como la Estearamidopropil Dimetilamina y Hydroxy Propyltrimonium Chloride, compuestos de amonio cuaternario, llamados Quat y Poliquats, son cáusticos e irritantes de ojos presentes en muchos cosméticos. Se emplean como conservantes, surfactantes, acondicionadores y germicidas que pueden crear alergias, dermatitis de contacto y síntomas asmáticos (las duchas con agua caliente aumentan su inhalación). El Polyquaternium (acondicionador y humectante de propiedades antiestáticas) es frecuente en cosmética capilar, se compone de archilamida y se retira de los alimentos por ser nocivo, como alerta la OMS.

    Polyehtylene glicol, emulgente e ingrediente de anticongelante del líquido de frenos usado también en cosmética, es de penetración rápida, debilita la estructura celular y puede provocar daños neurológicos, renales o hepáticos.

    P-Phenylenediamine Sulfate (o fenilenediamina) derivada de la anilina se encuentra en tintes de pelo y mezclada con henna para tatuajes temporales, puede provocar dermatitis alérgica, lesiones en el cuero cabelludo, párpados, orejas, y los peluqueros con un uso continuado pueden acabar con eczemas en las manos.

    Selenium sulfide (disolfuro de selenio) en anticaspa de champús y acondicionadores, se cree que es neurotóxico y posible carcinógeno.

   Boric acid y el Sodium borate (ácido Bórico y Borato de Sodio) aditivos conservantes que la piel absorbe fácilmente, los niños son especialmente sensibles y para más inri se emplean en hidratantes y cremas para irritación del pañal (la prohibición del primero parece inminente en UE).

   Thimerosal, conservante a base de mercurio presente en gotas de ojos, líquido de lentillas, vacunas, cosméticos y tóxico en el sistema nervioso, acumulable en organismo (p.ej en el cerebro) que también provoca irritaciones y alergias.

    Triclosán y Triclocarban, antibacterianos de jabones, dentífricos, desodorantes, espumas de afeitar y productos de higiene, bioacumulables y detectados incluso en la leche materna, son disruptores hormonales y ayudan al desarrollo de bacterias resistentes. La multinacional P&G está retirando el primero pero sigue en sus lavavajillas, jabones de manos y artículos de higiene personal como reconocen en su web. Colgate-Palmolive lo quitó de un jabón líquido pero aún está, por ejemplo, en su Colgate Total.

Formaldehido y liberadores (Formaldehide, Aldioxa, Alcloxa, Allantoin, y cualquier otro ingrediente que tenga este vocablo, así como DMDM Hydantoin, MDM Hydantoin, Diazolidinyl Urea, Imidazolidinyl Urea), conservantes que pueden liberar formaldehido, son alergénicos, pueden producir dermatitis, dolores de cabeza, depresión, fatiga crónica, infecciones de oído e insomnio. Son carcinógenos comunes en los geles, champús, desodorantes, espuma de afeitar, revitalizadores de uñas y pelo, o pintauñas. Marcas de lacas de uña como OPI quitan los ftalatos pero no el formaldehído, los alisados de Keratina tienen una alta concentración de él.

    Toluene (disolvente) también en esmaltes y quitaesmaltes, irrita los ojos, garganta, pulmones, puede provocar fatiga, dolor de cabeza, naúseas, daños el feto, y si esta contaminado con benceno (algo habitual) es cancerígeno.

Compuestos halógeno-orgánicos que figuran en el INCI como Methylchloroisothiazolinone, Methyldibromo Glutaronitrile, Iodopropynyl Buthylcarbamate, Chloroxylenol, Chlorphenesin y cualquier otro ingrediente con las palabras: chloro, bromo o yodo. Son conservantes con cloro, bromo o yodo, alergénicos, bioacumulables y crean problemas de salud.

    Hydroquinone (blanqueante de la piel) se encuentra en cosméticos y tintes, de uso limitado por su toxicidad, reduce la melanina y aumenta la exposición a rayos solares.

    Oxybenzone, bloquea el sol, calificado muy tóxico por la EGW, pero está en muchas cremas solares, donde también puede haber Benzophenone (seguida de un número), Camphor Benzalkonium Methosulfate, Octocrylene, Butyl Methoxydibenzoylmethane, Drometrizole Trisiloxane, Ethylhexyl Methoxycinnamate, Ethylhexyl Triazone, Homosalate, Isopropyl Dibenzoylmethane, son filtros UV de origen químico que puede provocar alergias, algunos son muy liposolubles, se acumulan sin que haya estudios de sus efectos a largo plazo. La benzofenona es de los más populares, también aparece en los perfumes, jabones y geles pues evita que la luz ultravioleta degrade su olor, o color, y cuanto mayor es el nivel de protección, más es su concentración. Es de absorción fácil y se relaciona con reacciones foto-alérgicas, toxicidad en el sistema nervioso y disrupción endocrina.

   Nanopartículas: son relativamente recientes pero sin consenso de su efecto en el organismo. Su tamaño diminuto facilita su penetración incluso a nivel celular. Las hay en filtros solares, colorantes, conservantes y diferentes estudios recomiendan precaución[2]. La legislación europea de productos cosméticos, higiene y biocidas de la higiene personal[3]aboga por su uso con precaución y garantizando la salud. Desde 2014 es obligatorio identificarlos. En cosmética eco-natural se prohíben.

En los protectores solares químicos hay ingredientes activos como Avobenzona (Avobenzone), Octinoxato (Octinoxate), Octocrileno (Octoctrylene), Oxibenzona (Oxybenzone). Pueden estar compuestos de nanopartículas y causar la liberación de radicales libres y otros efectos adversos (alergias, disrupciones hormonales, alteración de los niveles de estrógenos, problemas de crecimiento en bebes, tumores y lesiones de la piel). El 41% de los protectores solares tienen Retinil Palmitato, puede estimular el crecimiento de la piel en exceso, y expuesto al sol liberar radicales libres que dañan el ADN[4]). Algunos investigadores han detectado un incremento del riesgo de melanoma entre quienes usan protectores. No saben la causa, especulan que se exponen al sol más tiempo y absorben más radiación, o que los radicales libres liberados, cuando los químicos se descomponen a la luz solar, podrían ser nocivos.

Para concluir, los profesionales del sector también pueden informarse en la guía gratuita descartable en la web de la Red Ecoestética donde también se recoge la peligrosidad de algunos ingredientes, así como los componentes inocuos que usa la cosmética natural y ecológica para favorecerla porque están en contacto continuo con muchos de ellos. También es extremadamente útil para los consumidores, pues incluye información básica para aprender a comprar cosmética y productos de higiene sin todos estos peligros que acabamos de repasar.

[1] Primera evidencia científica experimental de que las sales de aluminio influyen en el cáncer de mama. 28/9/2016. Recogido por CAS. Coordinadora Anti-Privatización de la Sanidad Pública en Madrid.

[2] http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=91913002002

[3] Reglamento (CE) No 1223/2009 del Paelamenro y del Consejo Europeo: http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/HTML/?uri=CELEX:32009R1223&from=EN

[4] In vitro and in vivo estrogenicity of UV screens. M. Schlumpf, B Cotton, M Conscience, V Haller, B Steinmann y W Lichtensteiger. US National Library of Medicine Institutes of Health. www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1240241/

Ilustración: Sofía Bernardino.

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