5 pasos hacia una cosmética consciente

La cosmética convencional posee sustancias potencialmente nocivas para nuestra salud y la del planeta, como puedes ver en el post Belleza consciente, aprender a leer el INCI. Y cuando nos damos cuenta de ello, no suele haber vuelta atrás, aunque a menudo no sabemos cómo hacer esa transición a un consumo consciente de cosméticos y productos de higiene. Los pasos que se detallan a continuación ayudan a transitar a un consumo más responsable, y suponen un ahorro en dinero y espacio.

1. Hacer détox de los productos de higiene y cosméticos que tienen sustancias potencialmente perjudiciales entre sus ingredientes (se leen en su INCI): Se puede llevar a cabo contrastando los artículos que tengamos por casa, o que vayamos a comprar, con el listado que se detalla en el post Belleza consciente, aprender a leer el INCI, con la Guía gratuita de bolsillo de la Red Ecostética, o descargando gratis la App Ingred, con la que se puede hacer una foto al INCI y reconocer esos componentes (además sirve para algunos productos de alimentación, hogar, etc.).

2. Reflexionar qué necesitamos de verdad: Es decir, no lo que la industria desea vendernos a través de sus anuncios, campañas publicitarias, bloguers, influencers, etc., si no lo que requerimos en realidad, que suele ser bien poco: un buen champú, jabón, crema… No es cierto que haga falta un producto para cada parte del cuerpo, ni él último desodorante o perfume, ni la enésima textura de maquillaje, es lo que demandan las marcas cosméticas para crecer en ventas, alcanzar sus objetivos siempre al alza en un planeta de recursos finitos, generando beauty victims del último lanzamiento, que casi con toda seguridad no necesitamos.

3. Optar por productos multitarea: Muchas marcas ecológicas los hacen, unen el gel y el champú, como Eco-Eko (además se pueden usar como desmaquillante, por su suavidad). La firma alemana Santé, entre otras, tiene envases de tamaño familiar también, aunque en términos de sostenibilidad, siempre es preferible el consumo local.

Hay productos naturales como el aceite de coco orgánico, y muchos otros, que sirven para hidratar la cara, el cuerpo, las manos, de sérum anti-encrespamiento, como desmaquillantes, bálsamo labial. El jabón de Alepo con aceite de oliva y laurel (una de las fórmulas más antiguas en jabonería) posee propiedades hidratantes, antisépticas, cicatrizantes, etc. Los jabones, en general, suelen ser multitasking idóneos para lavar el pelo (sobre todo para el pelo corto porque resulta más cómodo), para las manos, zonas íntimas, como jabón para el afeitado, si se escoge bien. Al venderse en pastillas o tacos, evitan utilizar envases contribuyendo a paliar la notable cantidad de envases plásticos que podemos llegar a almacenar en el baño, que junto con la cocina (por los artículos de limpieza, los envoltorios de alimentación, etc.), son los espacios donde más los acumulamos.

4. Elegir pocos productos buenos: «Menos es más», un mantra repetido en el consumo consciente, porque si trasladamos los disparatados hábitos de consumo convencionales a los que nos aboca la industria, al consumo ecológico o natural, no sólo nos saldrá más caro, sino que además será poco responsable porque reducir el consumo siempre es vital para evitarle impactos al planeta.

Aunque no me gusta ponerme como ejemplo de nada, ni hablar de mi, creo que poner en común las experiencias y las prácticas de consumo responsable pueden ayudar a otros en sus propios procesos: para mi el cambio más notable fue que pasé de usar cinco o seis productos capilares (champú, acondicionador, mascarilla, sérum, anti-encrespamiento, etc.) a usar sólo un champú-gel. Ocasionalmente me pongo algún aceite si mi pelo está encrespado, o una mascarilla de vez en cuando, y ya está. No me hace falta nada más.

Con las cremas me pasó lo mismo: ahora uso sólo dos. Una de ellas es el bálsamo regenerador de Eco-Eko, que uso para todo: rojeces, sequedad de manos, codos, rodilla, labios, antiarrugas, etc. Sustituyó al Skin Food de Weleda, que a su vez había sustituido a una crema de Elisabeth Arden que tenía un montón de sustancias nada saludables… Opté por el consumo local de una marca española, en vez de la alemana, porque genera menos emisiones de transporte (las materias primas que utiliza son casi todas locales, y su laboratorio-tienda me queda cerca). También, porque contribuyo a redistribuir mejor la riqueza, apoyando un tejido productivo sociomedioambiental positivo en nuestro país.

Cada uno va encontrando las opciones que más le encajan con su constitución, su estilo de vida, etc., pero el cambio es mucho más sencillo de lo que en general imaginamos.

5. Disfrutar la transición sin dramas, con sentido del humor y aprendiendo del proceso: Parece una tontería, pero es algo fundamental porque al cambiar de productos, la piel y el cabello pasan por un «periodo de adaptación» en el que no se ven los resultados hasta pasadas unas semanas… Con el pelo tardé dos meses y pico, en los cuales estuve a punto de claudicar más de una vez y volver a mis antiguos potingues convencionales llenos de tóxicos. Superada esa fase con gomas de pelo, horquillas y recursos creativos para controlar mi cabello indómito, ahora está más sano, nutrido y cada vez requiere menos atención y cuidados. Con las cremas la adaptación fue casi inmediata. Es importante elegir bien.

Ahora compro menos, ahorro y tengo más espacio. Sobretodo consumo cosmética y artículos de higiene buenos para mi, que no expolian la naturaleza, ni someten a ninguna especie a ningún tipo de explotación, y fabricados en condiciones laborales dignas.

Se pueden hacer algunos productos en casa. Si es de los que más usamos (como el dentífrico, el desodorante, etc.), repercutirá en un ahorro mayor y en generar menos residuos. Existen tutoriales online para aprender, y se imparten cursos en espacios especializados como ecoSentidos (Madrid), de Marga Roldán, o Mon Petit Pot  (Barcelona), creado por Marion Sergent.

En la foto: mi lavabo tras la transición cosmética. Sólo un jabón de Alepo, una crema, dentífrico y el cepillo de dientes de madera.

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